Una frase, mejor dicho una oración puede ser interpretada de varias maneras. Muchos conocen el refrán que reza "no hay palabra mal dicha sino mal interpretada" y es ahí cuando sale a relucir el "chinazo". Pero no es de esa clase de interpretación a la que me refiero. Pese a que existen idiomas mucho más "exactos" -por así decirlo- que el castellano, las personas siempre tendemos a escuchar sólo lo que queremos escuchar, ver lo que sólo queremos ver, entender sólo lo que nos provoca, nos gusta, vaya de acuerdo con nuestra personalidad y pare de contar.
Por eso de la interpretación a conveniencia, nos alejamos del objetivo principal que tenía un mensaje y obviamente no pudo cumplir. Se enredan las cosas. Y la única explicación posible para este fenómeno es que simplemente como personas nos adelantamos, prevemos el objetivo mismo de ese mensaje antes de ser enviado y nos preparamos para decodificarlo incorrectamente, y así no cumpla su objetivo. Nos armamos como un ente terrorista de la palabra, como saboteadores de los fines que ésta se proponga y simplemente nos hacemos los locos porque no nos da la gana de aceptar sus designios.
Tal vez por esa razón empecé a escribir una serie de sandeces a raíz de un título que se supone me llevaría a reflejar otras inquietudes, a librarme de otros pesos, pero puede que en el camino me perdiera a propósito porque no quería perderlos a ellos -los pesos-. Por esta simple razón aparece el #1 siguiendo a un título que nada expresa del contenido, símbolo que indica que es el primero de los escritos perdidos en el camino de lograr su objetivo y posiblemente venga seguido de un segundo y hasta un tercero.
¿Perdido?

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