jueves, 15 de diciembre de 2011

Las cosas que escribo no siempre las comparto,
Las cosas que pienso no siempre las comparto,
Las cosas que quiero no siempre las comparto,
Y aún más, las cosas que siento no siempre las comparto...


sábado, 26 de noviembre de 2011

Fragmentos

Cuando algo se rompe no puede volver a su estado inicial. A pesar que las cosas puedan repararse y los pedazos intenten pegarse, no va a quedar igual que antes. Lo mismo ocurre con los seres vivos. Esto no quiere decir que algo que se ha reparado está mal, sólo demuestra que una vez que las cosas cambian no vuelven a ser como antes. Eso, que ahora es diferente, refleja una especie de nuevo comienzo. No significa mejor ni peor, sólo distinto. Y así siempre pasa con la vida. Los sucesos marcan a las personas y las hacen diferentes a lo que eran antes de haber pasado por esa situación que ahora los hace otros. Tal vez "roto" no sea la mejor palabra para definir el estado en el que se encuentra una persona después de vivir algo importante, porque esa palabra tiene una connotación negativa. Pero si fuera posible dejar a un lado esta impresión, "roto" sería la palabra perfecta. 

Somos fracciones de nosotros mismos. Una recopilación de pedazos de vida que nos hace ser quienes somos. La clave está en la connotación, positiva o negativa, que le demos a cada uno de esos fragmentos.

lunes, 22 de agosto de 2011

No hay más... #1

Una frase, mejor dicho una oración puede ser interpretada de varias maneras. Muchos conocen el refrán que reza "no hay palabra mal dicha sino mal interpretada" y es ahí cuando sale a relucir el "chinazo". Pero no es de esa  clase de interpretación a la que me refiero. Pese a que existen idiomas mucho más "exactos" -por así decirlo- que el castellano, las personas siempre tendemos a escuchar sólo lo que queremos escuchar, ver lo que sólo queremos ver, entender sólo lo que nos provoca, nos gusta, vaya de acuerdo con nuestra personalidad y pare de contar.

Por eso de la interpretación a conveniencia, nos alejamos del objetivo principal que tenía un mensaje y obviamente no pudo cumplir. Se enredan las cosas. Y la única explicación posible para este fenómeno es que simplemente como personas nos adelantamos, prevemos el objetivo mismo de ese mensaje antes de ser enviado y nos preparamos para decodificarlo incorrectamente, y así no cumpla su objetivo. Nos armamos como un ente terrorista de la palabra, como saboteadores de los fines que ésta se proponga y simplemente nos hacemos los locos porque no nos da la gana de aceptar sus designios. 

Tal vez por esa razón empecé a escribir una serie de sandeces a raíz de un título que se supone me llevaría a reflejar otras inquietudes, a librarme de otros pesos, pero puede que en el camino me perdiera a propósito porque no quería perderlos a ellos -los pesos-. Por esta simple razón aparece el #1 siguiendo a un título que nada expresa del contenido, símbolo que indica que es el primero de los escritos perdidos en el camino de lograr su objetivo y posiblemente venga seguido de un segundo y hasta un tercero.




¿Perdido?

lunes, 20 de junio de 2011

Antonio Orozco

UN GESTO


Es impresionante como sólo un gesto puede hacer que el mundo entero se rinda a tus pies, o al menos las personas que están a tu alrededor. El ego muchas veces hace que los hombres se pierdan en sí mismos, en un mundo inventado que termina siendo triste y solitario, porque al fin y al cabo es un mundo para una sola persona, un mundo unipersonal.



En el momento en el que paró las entrevistas para dedicarle un par de canciones a las fanáticas que habían venido a verlo desde lejos, justo en ese momento, quedó claro por qué él es lo que es. Más que acordes, más que un par de letras conjugadas en versos, Antonio Orozco es la música que le regala a quienes quieran escucharlo.

Transparente como el agua cristalina de Los Roques, la cual confiesa que quiere conocer, canta acompañado de su guitarra una de las letras más hermosas y dolorosas que se encuentran en su repertorio: “Devuélveme la vida”. Más tarde, en la entrevista diría al respecto de sus composiciones que las vivencias más dolorosas han dado sus frutos en forma de canción y que de hecho, para bien o para mal, las mejores nacen de ése tipo de experiencias.

No importa de dónde viene, ni qué tan conocido es allá, al lugar al que se dirige es en muchos sentidos un territorio desconocido. Sin embargo esto lo hace más interesante. Pospuso por varios años la visita a su destino, pues quería dedicarle un tiempo significativo, si no tenía el tiempo suficiente para hacer las cosas bien, mejor no hacerlas. Decidió esperar cinco años. Ahora se encuentra en Latinoamérica por tiempo indefinido, donde pocos los conocen por lo que es en España, pero de seguro muchos quedarán prendados por lo que será en, como él la llama, América.

Mientras transcurrían los pocos segundos ingratos que regalaba el tiempo, Antonio demostraba su pasión por lo que hace, su interés por la realidad de cada país que visitaría. No quiere mantenerse al margen del entorno, quiere hablarles -o cantarles- a las personas que lo escuchan y no abstraerse en su mundo unipersonal, porque al final de cuentas, se debe a sus fans. Lo más importante de todo es que estas cosas no las hace por compromiso, sino porque las siente.

Es mucho lo que podría decirse de este artista envuelto en letras, sentimientos, realidades, corazones; envuelto en canciones. Disfruta de una buena charla, de las preguntas abiertas, de la oportunidad de mostrarse al mundo pero sobretodo de ser él mismo. Su voz tiene la marca de su patria, pero lo que expresa se entiende en todo el universo. Antonio Orozco canta desde el alma y eso, seguramente, lo mantendrá fiel a sí mismo y lleno de éxitos.



“Algunos decimos las cosas a través de las canciones, otros a través de la pintura, los más valientes dicen las cosas a la cara, pero hay muchos que simplemente no las dicen…” Antonio Orozco.